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Se conoce con el nombre de Liceo al lugar escogido por Aristóteles para enseñar a sus alumnos en Atenas.
Era un conjunto de edificios por cuyos jardines el maestro transitaba discutiendo con sus discípulos, y por tal motivo su escuela filosófica recibió el nombre de Peripatética.

Más de 2.300 años después, Internet cambió el escenario. Sustituyó el espacio físico por el virtual, pero también logró recuperar algo que desde los tiempos de Aristóteles hasta hoy se ha venido perdiendo paulatinamente: el contacto directo y sostenido del profesor con sus alumnos, más allá de los encuentros esporádicos en una universidad, sin la intermediación o sustitución por adjuntos o auxiliares, sin burocracia ni pérdida de tiempo.

El Liceo” ofrece precisamente eso. Un espacio donde se pueda aprender directamente con profesores de primera línea, en cursos y seminarios impartidos siguiendo un método que garantiza, al mismo tiempo, la comodidad del estudiante y un contacto con el profesor más fluído del que podría tener en cualquier universidad convencional.